//Las personas con autismo, ¿sienten el dolor como las demás?

Las personas con autismo, ¿sienten el dolor como las demás?

2018-06-13T17:31:11+00:00 Informes especiales|

¿Hipo o hiperreacción? Desde hace tiempo se discute cómo es el dolor en estas personas, cómo lo procesan y cómo lo manifiestan. Si bien no existen muchos estudios que aborden esta temática, los más recientes tienden a despejar las dudas y a dirimir las controversias. Existe una guía que ayuda a detectar los padecimientos dolorosos de niños con Autismo y otros que tengan dificultades de comunicación.

Palabras previas
El dolor es una sensación compleja que nos alerta sobre la inminencia de un daño o que este ya se ha producido. Sin él correríamos serio peligro en nuestra integridad física.
Es tan importante que existe una rama de la Medicina que se dedica a su estudio, la algología (del griego algós = dolor y logos = estudio), que investiga los intrincados procesos de su producción, así como busca proporcionar alivio cuando llega el dolor.
Para realizar una explicación básica, existen distribuidos en todo el cuerpo (tanto sobre la piel como en las articulaciones y tejidos) nocioceptores, que funcionan como receptores de los estímulos que pueden resultar nocivos (de ahí su nombre). Los hay de cinco clases: aquellos que reaccionan con la temperatura (térmicos); los llamados mecánicos, que se activan a partir de sensaciones táctiles intensas (pinchazos, presión, cortes, ardor, etc.); los químicos, que intervienen ante ciertas sustancias que libera el propio cuerpo o que entran en él; los silenciosos, que son aquellos que no general alertas dolorosas sino que se manifiestan de otra forma, como, por ejemplo, la tumefacción, y los mixtos, esto es, aquellos que entran en función al recibir estímulos de dos o más clases.
Todos ellos envían información al sistema nervioso central, más específicamente a la corteza cerebral, que genera respuestas reflejas para combatir la sensación (retirar la parte expuesta, por ejemplo), normalmente hormonales y/o bioquímicas y de otros tipos para evitar o, al menos, paliar la situación dolorosa generando un estado de anestesia que, aunque no suprime, calma el dolor momentáneamente. A su vez, ello genera un cambio conductual-emocional apreciable a simple vista.
Por otro lado, la sensibilidad al dolor varía de persona a persona, dado que cada una tiene un umbral diferente. Resulta obvio señalar que ello funciona así en los niveles más bajos, ya que lo que para algunos es una molestia apenas significativa puede ser dolor para otros. En general, los estímulos fuertes son percibidos como tales por la gran mayoría de los individuos, excepto en aquellos casos en que se produzca analgesia por cuestiones físicas o bioquímicas (sección o bloqueo de vías nerviosas).
Como las personas autistas no suelen presentar bloqueos de los circuitos nerviosos, cae de maduro que sienten dolor, aunque, por sus características, la forma de percibirlo y expresarlo tiene sus peculiaridades.

Percepción y manifestación del dolor en los autistas
Es necesario poner de manifiesto que los estudios sobre el dolor respecto del Autismo son relativamente escasos.
Durante mucho tiempo se creyó que muchas de las personas con esta condición o no tenían sensibilidad o que esta estaba disminuida, es decir, que existía una hiposensibilidad ante estímulos dolorosos.
Si ello fuera así, estaríamos ante un problema de cierta gravedad, dado que dichos individuos se hallan en riesgo de sufrir lesiones importantes sin que se produzcan las reacciones necesarias para impedirlo, por ejemplo, ante la exposición a una superficie caliente o ante un dolor de muelas.
Un estudio realizado en la Universidad de Duke, en los EE.UU., publicado en la revista Neuron mostró que ratones de laboratorio con síntomas similares al Autismo reaccionaban menos intensamente ante estímulos dolorosos. Ello se debió a que se les había suprimido un gen, el denominado SHANK3, que tiene que ver con la captación del dolor, dado que regula la proteína TRPV1, que está involucrada con la transmisión de señales dolorosas.
Según los investigadores, algo similar ocurriría con algunas de las personas con Autismo, ya que en un número importante de ellas se ha corroborado la mutación de dicho gen, lo que abonaría la tendencia de algunos individuos de tener una menor sensibilidad al dolor.
A su vez, un artículo publicado en la revista Pain de octubre de 2013, que recoge diversas hipótesis sobre el dolor en esta población, señala que la desmedida abundancia de opioides puede ser la causa de que los niveles de dolor se hallen altos en las personas con Autismo. Ello podría deberse al exceso de producción de esta sustancia analgésica o a su deficiente degradación. Otros señalan que las conductas repetitivas y estereotipadas propias de la sintomatología incrementarían los niveles de opioides, aumentando la resistencia al dolor.
Otro trabajo, de 2004, publicado en el Clinical Journal of Pain, volumen 20, se sostiene algo totalmente diverso.
Esta investigación consistió en tomar 21 niños (entre 3 y 7 años) con Autismo y otros 22 de edades similares sin este y someterlos a una punción venosa, registrando su expresión facial en ese momento, así como requirieron de los padres reportes sobre las reacciones de sus hijos ante los estímulos que les provocaran dolor.
La conclusión a la que se arribó fue que no existían diferencias significativas entre los individuos autistas y el grupo de control.
Otros autores descreen que exista, como generalización, una hiporreacción ante el dolor en los niños con Autismo.
En ese sentido, un artículo publicado en el European Journal of Neuroscience en julio del corriente año, que consistió en suministrar choques de corriente eléctrica mientras los sujetos estaban siendo monitoreados por resonancia magnética, permitió observar la actividad cerebral durante la estimulación.
Según los investigadores, las personas con TEA mostraron una mayor reactividad que las del grupo de control y que no solamente eran capaces de anticipar los estímulos dolorosos, sino que mostraban una actividad mayor en el córtex cingulado anterior, donde se registra ese anticipo.
A su vez, un paper presentado en la reunión anual de 2015 de la Sociedad de Neurociencia de los EE.UU. por parte de científicos de la Universidad de Vanderbidt en Texas, dio cuenta de una investigación en la que se recurrió a 17 adultos con Autismo y a otros 16 sin afectación, a los que se les adosaron pequeñas piezas de metal a las pantorrillas, las que se calentaron 49º, permaneciendo a esa temperatura durante 12 segundos para volver a temperatura ambiente, mientras se los escaneaba con aparatos de resonancia magnética, repitiendo la experiencia en una docena de oportunidades. Los ciclos de dolor y alivio presentaron, así, tres etapas: temprana (cuando comenzaba), intermedia (al calentarse) y tardía (cuando se enfriaban). Durante los primeros 7 segundos no hubo diferencias entre los grupos. Pero en los últimos 5, mientras que en el de control persistía la actividad, en aquellos con Autismo en las zonas de manejo del dolor había desaparecido.
Como conclusión, explican que la sensibilidad al dolor de las personas autistas es similar a la del resto de la población, pero que el procesamiento de esas sensaciones en forma cognitiva y emocional es lo que marcaría una diferencia y haría que estos individuos parecieran poco afectados.
Esta parece ser la mejor explicación y la más aceptada, es decir que quienes son portadores de los Trastornos del Espectro Autista son sensibles al dolor y, como ocurre con aquellos que no lo son, tienen diferentes umbrales de percepción. Incluso existen sospechas bastante fundadas de que al menos una parte de los autistas sería hiperreactivo a los estímulos dolorosos.
El DSM V expresa al respecto: “Hiper o hiporreactividad a los estímulos sensoriales o interés inhabitual por aspectos sensoriales del entorno (p. ej., indiferente aparente al dolor/temperatura, respuestas adversas a sonidos o texturas específicos, olfateo o palpación excesiva de objetos, fascinación visual por las luces o el movimiento)”.
La diferencia, entonces, estaría en otro de los síntomas constitutivos del diagnóstico: la dificultad de estos sujetos de expresarse, de comunicarse con quienes los rodean.
En ese sentido, que un niño no llore o no busque el consuelo de algún referente afectivo ante algún episodio doloroso suele interpretarse como que no siente dolor, cuando, en realidad, no es así.
Ello se condice con que muchos padres expresan que no pueden depender de que sus hijos con Autismo les avisen cuando tienen hambre, frío o calor, por lo que ocurre otro tanto con respecto al dolor, por lo que es necesario estar atentos a algunos signos sutiles que pueden ser señales de alerta muy tenues pero presentes.
Sobre todo los niños son propensos a sentir dolor en la vida diaria. A ese respecto, los cambios en la conducta y sobre todo en la expresión facial pueden ser un indicio.
En general, es más factible que la forma de manifestar el dolor sea por medios no verbales. Incluso se cree que es probable que algunas conductas autolesivas sean la forma de reaccionar ante un dolor crónico para el que no se encuentra la forma de comunicarlo.

Conclusión
Se sabe que las personas autistas procesan la información que les llega de forma diferente a lo que es común entre el resto de la población. Las sensaciones dolorosas forman parte de los estímulos a los que se ven sometidas. Por lo tanto, resulta coherente que su reacción también sea distinta.
Por otro lado, así como existen distintos niveles de reacción ante el dolor en la población general, ocurre algo similar entre los autistas, es decir, excepto los que tengan algún otro problema que afecte las vías nerviosas, habrá diferencias de una persona a otra.
Es deseable que se realicen nuevos y más profundos estudios para descifrar las particularidades del dolor en el Autismo y así poder pasar de las conjeturas a las certezas. Dejar pasar o desconocer situaciones dolorosas es peligroso, porque pone en riesgo cierto la salud de las personas. Y sobre todo hay que estar especialmente atentos a aquellos cuya verbalidad está comprometida.

Ronaldo Pellegrini
ronaldopelle@yahoo.com.ar

Algunas fuentes:
– https://autismodiario.org/2016/05/22/tambien-me-duele-dolor-ninos-autismo/
– http://ecodiario.eleconomista.es/ciencia/noticias/7999468/12/16/La-insensibilidad-al-dolor-en-el-autismo-la-causa-una-proteina.html
– http://algos-dpsico.urv.cat/es/dolorautismo/
– https://spectrumnews.org/news/in-autism-brain-responses-to-pain-dont-match-verbal-ones/
– http://journals.lww.com/clinicalpain/Abstract/2004/03000/Expression_of_Pain_in_Chil dren_With_Autism.5.aspx
– https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24040973
– http://www.utdallas.edu/news/2017/7/24-32626_New-Brain-Study-Suggests-Link-Between-Autism-Pain-_story-wide.html?WT.mc_id=NewsHomePage
– http://www.autism.org.uk/sen sory
– http://journals.sagepub.com/doi/abs/10.1177/13623613145 27839